ADA MATUS

Entrevista a Ada Matus

Por Alejandro Crimi 


Ada Matus en Barcelona, 2009

Ada Matus en Barcelona, 2009


Mi amiga Susana Delgado me presentó a Ada Matus en 1997. La entrevisté en un bar de calle Corrientes (Buenos Aires) y posteriormente fuimos a cenar. Entre copas de vino tinto, Ada me fue contando su historia. Su relato tenía componentes que superaban cualquier ficción: atravesaba la médula de la historia política argentina de los '70, interactuaba con grandes personajes de la cultura, pasaba por la experiencia del exilio latinoamericano en Europa y terminaba en el underground parisino.

Entonces me di cuenta que Ada no era una estrella de los escenarios, sino algo mucho más real, humano, complejo e interesante. Era una superviviente pura y dura de las tragedias y contradicciones de su entorno. Y como tal reaccionaba sin concesiones, con una actitud punk demoledora hacia los "sagrados" mitos culturales de occidente.

Ada fue abandonada por su madre a los 2 años, y a partir de los 11 años sufrió del abuso de su padre. A los 15 años —estando enferma de tuberculosis— tuvo un aborto no deseado; años más tarde quedó nuevamente embarazada, pero su compañero de entonces (un ruso, el padre de quien sería su primer hijo) la denunció por indocumentada como forma de presionarla para abortar. Así, ilegal, latina, joven y solitaria, parió a su hijo en un hospital de París. Luego vinieron sus intentos de encontrar un lugar en el mundo y la reacción de una sociedad (tanto de uno como del otro lado del océano) que se incomoda con la presencia de "testigos molestos".

La historia de Ada me sorprendió y conmovió profundamente. Y durante ese primer encuentro nació una amistad y el proyecto de un libro que se gestó a lo largo de casi 20 años en cuadernos, papelitos y cassettes, en distintos bares de Mendoza, Buenos Aires, París y Barcelona. El libro se llama "Negra guacha. Memorias de Ada Matus", y en su etapa final contó con el apoyo y la generosidad de Eduard Casas Bertet, presidente de GASS (Grup Associat pels Serveis de Salut). Lo escribí haciendo un gran collage con las decenas de horas grabadas en nuestras charlas, donde mi presencia como periodista desaparece para dejar lugar a un relato intimista en primera persona donde la protagonista cuenta en orden cronológico y temático sus anécdotas de vida. El libro, que cuenta con un emotivo prólogo de Raúl Argemí, fue publicado por la editorial Luces de Gálibo. 


Presentación de "Negra Guacha" en La Central del Raval (Barcelona, 2016)
Ramón Nicolau, Ferran Fernández, Ada Matus y Alejandro Crimi

Cabe destacar, que antes de ser publicado en España (donde ha recibido excelentes comentarios) el libro se intentó editar en Argentina (2015). A través de un amigo me contacté con un editor de Buenos Aires vinculado al oficialismo de entonces, quien demostró un gran entusiasmo por el contenido y su temática. Pero lamentablemente el libro no superó el filtro político. 

El hermano de Ada, Fabián Matus, no estaba de acuerdo con la publicación del libro, y tenía una fuerte influencia en el área de cultura del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner: fue Director del Centro Cultural Kirchner (CCK) desde su inauguración en 2015 hasta 2018. Luego no sé bien qué sucedió, pero el editor en cuestión suspendió su comunicación conmigo en forma abrupta. Fuentes de mi confianza me comentaron que un funcionario político habría desaconsejado la edición.

Intenté buscar otras vías en Buenos Aires pero fue inútil. El libro caía muy mal en los ámbitos conservadores, y peor en los combativos círculos kirchneristas.

Luego envié el libro a mis amigos periodistas de Mendoza y el resultado fue un espectacular silencio sepulcral. Indagando me enteré que el libro no le había gustado a nadie. Se consideraba que "atentaba" contra un ícono de Mendoza (Oscar Matus) y que "degradaba" la imagen de la gran Mercedes Sosa. Pero el malestar curiosamente llegaba hasta algunos sectores feministas. Incluso algunas antiguas militantes de izquierda se sintieron molestas por "el desparpajo sexual" y la "promiscuidad" de la protagonista del libro. Sólo un amigo, Marcelo Padilla, ferviente peronista y profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (UNCuyo), evadió el malestar general que producía la mirada de Ada y años más tarde difundió el libro a través de sus canales de la web considerando al trabajo en cuestión como "un libro censurado".

Siempre pensé que era totalmente respetable el rechazo generalizado que generó en Argentina el libro "Negra Guacha". Entiendo muy bien que moleste. Así que busqué alternativas en España y en 2016 lo editó la prestigiosa editorial Luces de Gálibo gracias a la intervención de su fundador, el poeta Ferran Fernández.  Y se presentó oficialmente en la librería La Central del Raval (Barcelona) el día 22 de setiembre de 2016.

Aquí dejo dos links del evento:

Presentación en La Central: click AQUÍ

Nota en Diario Folk: Click AQUÍ

Personalmente defiendo fervorosamente la publicación de "Negra Guacha", y valoro mucho la mirada de su protagonista, Ada Matus. En épocas de polarización, ignorancia e hipocresías generalizadas (tanto desde la derecha como desde el progresismo "woke"), la valentía que se manifiesta en la exposición pública de Ada quiebra los relatos retóricos de una sociedad contradictoria y decadente. Y por eso es rechazada y empujada al reino de los "outsiders". 

Con respecto a que el libro supone un "atentado" a un ícono de la cultura mendocina... pues sí, es correcto. Me parece muy higiénico que Mendoza elabore sus íconos culturales sobre personas que al menos no sean violentas y pederastas. Defender este tipo de íconos abyectos supone una complicidad implícita bizarra.

Con respecto a que "Negra Guacha" degrada la imagen de Mercedes Sosa... Pues en eso no estoy de acuerdo en absoluto. El libro "humaniza" profundamente la figura de la cantante tucumana, no la degrada. Aunque entiendo que la humanización de Mercedes supone en cierta medida su desacralización. Pero bueno, siempre me fío de lo herético.

Y finalmente las críticas acerca del desparpajo sexual y la promiscuidad de la protagonista del libro, sólo evidencian el conservadorismo rancio que impera en una provincia donde los fans de Milei son legión.

Habría agradecido recibir desde Argentina una crítica profunda (aunque me inquiete), pero sólo he recibido dardos ideológicos, silencios negadores y prejuicios morales. Y entiendo que a Ada le pasó algo parecido. 

En fin, si yo no defiendo este libro no sé quien lo hará, jejeje.

Amo este libro. Su irreverencia elude todo tipo de encasillamientos. Es naturaleza humana en estado puro. Fluye con dignidad entre las grietas de un sistema maniqueísta (por eso molesta tanto). Ada es una superviviente que debería generar admiración, no rechazo. Obviamente que es incómodo, pero el mercado editorial está inundado de correcciones políticas y autoayudas compasivas: De vez en cuando no viene nada mal asomar la cabeza por la ventana y ver qué pasa afuera.

Si eres un conservador polarizado (facha, misógino, conspiranoico, xenófobo y etc.) o un progresista dogmático (arrogante, contradictorio y básicamente inútil) NO te lo recomiendo. Este libro no te servirá para reafirmar tu identidad en crisis. Si por el contrario eres de esas personas que intentan evitar la Hypnocracia (*), éste es un libro que te aportará mucho y te ayudará a expandir la conciencia.

BAJAR el libro "Negra Guacha" completo y gratis en pdf: CLICK AQUÍ

Los haters y trolls pueden insultarme al final de la nota.


(*) Hipnocracia: Trump, Musk y la nueva arquitectura de la realidad (Jianwei Xun y Andrea Colamedici, ed. Rosamerón, 2025)

Alejandro Crimi y Ada Matus en Mendoza


A continuación, reproduzco la entrevista completa de 1997 que generó "Negra Guacha".

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"LA GRAN MITOLOGÍA ARGENTINA ES EL AMOR"

Reportaje a ADA MATUS


Hija del legendario Oscar Matus, Ada es una mujer absolutamente inclasificable. Vive en Francia y en enero grabó en Buenos Aires un CD en homenaje a Tita Merello, “Arrabalera”. Marzo la vio por Mendoza grabando un video sobre la vendimia, y quizás pronto nos regale un homenaje a Matus. Feminista, femenina, budista, artista, y madre, Ada no para de crear; y aunque es divertida y tiene una sonrisa muy dulce, no es aconsejable su proximidad cuando está enojada.

Ada nació en Mendoza, y a los ocho años abandonó el orfanato donde vivía, junto a su hermana Alba, de la mano de su padre y Mercedes Sosa. En Francia, Ada y Oscar formaron un dúo (Los Matus) memorable; y también en Francia Ada hizo pareja con el genial escritor Emeterio Cerro, autor de algunas joyas literarias como El Cecilio y la Petite Bouline (Ed. Betania, Madrid, 1991), Las Carnes (El paisaje editorial, España, 1992), o La Cuca, Manual sexual (Ed. del Agujero Negro, Bs. As. 1994).

Si algo deja Ada en evidencia, es que no cabe en un solo artículo.


1- LA MINA FEMINISTA


— ¿Es difícil para una mujer meterse en el ambiente artístico?

— En el medio artístico somos pocas las mujeres, y eso no es porque no haya mujeres artistas, sino porque es muy duro. Hay minas que dicen no se bancan el ambiente y se retiran.

En este 99 festejo mis 30 años de escenario, y eso implicó que muchas veces tuve que ponerme bien dura, imponerme, a veces con violencia.

— ¿Dejaste el feminismo?

— No. El feminismo fue muy positivo para mí, incorporé muchas cosas en lo cotidiano que soy. Por ejemplo, el hecho de que no me cueste estar sola en Buenos Aires durante tres semanas, y eso que soy madre de cuatro hijos. No extraño mi casa porque estoy haciendo algo para mí, y quiero llegar y contarle a mis chicos todo lo que hice. Que los chicos también aprendan que un ser humano es solo, único y solitario; porque en realidad la creación es eso, es siempre un trabajo solitario, una maduración que se hace en soledad.

Diría que para mí el asunto del feminismo fue como una asimilación, que la digerí y ahora la tengo incorporada.

— O sea que el feminismo lo tenés adentro, lo ejercés y lo profesas...

— Sí, a veces lo profeso con boluditas que les gusta hacerse mantener por un tipo, y esa clase de cosas que a mí me ponen histérica. O cuando un tipo me dice vení que tengo un auto. Y yo me cago en el auto tuyo y en toda esa cosa machista.

— ¿En Francia este tema está más avanzado que en Argentina?

— Sí. Está mucho más incorporado, por suerte. Y además está muy separado. Están las minas como yo, que en eso soy bastante europea, digamos, que somos un poco las abanderadas que andamos rompiendo las guindas a todo el mundo, y tenés las otras minas más dóciles, más tranquilas, que han tomado el caminito de amoldarse. Cada una ha elegido. Elegís tempranito ese tipo de cosas y ya después te quedás en ese rol. Es eso, pero se define más rápido. A los 17 años vos ya sabés qué tipo de mujer va a ser.


2- ADA CANTA EL TANGO COMO NINGUNA


— Contame, ¿estás grabando Arrabalera?

— Arrabalera ya está terminado. Tiene que ver con la búsqueda de feminidades diferentes. Es un homenaje a Tita Merello, a quien yo quiero realmente. Para mí es una imagen muy fuerte de la feminidad en el tango. Es un poco como un contrapunto de esa imagen chota de la mujer en el tango, de la cual estoy harta. Quizás porque hace 20 años que estoy en el tango.

Lo que me gusta de Tita es el lado genuino, en su intimidad, en esencia, ella respetó siempre su forma de pensar, su forma de ser, el hecho de no haber aceptado tener hijos o no ser la mujer de nadie. Esas cosas son muy fuertes en ella, y en su momento mucho más que ahora. Fue una mina muy piola, supo entender muchas cosas.

Aparte de un homenaje a la Tita, también tiene que ver con la idea del barrio, y con Emeterio Cerro, porque su compañía de teatro se llama La Barrosa. Es, entonces, La Barrosa y el barrio nuestro, no el tango de salón, estilizado, para la gente cheta. Ese tango no me interesa, aunque lo puedo hacer, y lo he hecho en los tangos shows en donde he ido a ganar mi vida como muchas madres saliendo a trabajar. Lo he hecho y lo sé hacer, me pongo los guantes y las plumas y todo, y no hay problema; pero no me interesa, no me gusta.

El tango en Argentina es que es algo más sentido, más genuino. Se acepta el lado del silencio..., la gente acá es muy tímida en realidad, amorosamente quiero decir. Muy tímida, avanza, retrocede..., está siempre como protegiéndose. La seducción acá es muy soft, todo está muy negociado, muy hablado. Tenés que convencer al otro, es una cosa larguísima. Y es muy lindo. Tiene mucho encanto esa pelea, casi una dominación a ver quién carajo decide, hay que esperar y encontrar los tiempos. Los tiempos de uno y otro. Y en general, cuando la gente cuenta historias de amor, son siempre historias de desencuentros de tiempo.

— ¿Ese desencuentro implica un deseo?

— ¡Pero más vale! Porque, además, los años pasan y vos te seguís haciendo los ratones con el tipo que no tuviste porque los tiempos no coincidieron. Y los tangos hablan de esos desencuentros. Y a mí lo que me interesa son justamente esos nudos justamente.

— ¿No te gusta el papel de la mujer en el tango de ahora?

— No. Por lo menos el que se atribuyen las cantantes de tango en el extranjero, con esa imagen de la dama.

— No la mina rea...

— No, claro. Es la frígida, la gran frígida. Y vos pensás que esa mina es inviolable. Y no es así porque aquí la gente quiere el amor, es decir, la gran mitología argentina es el amor. Porque todos venimos de comunidades diferentes, técnicas, culturales y religiosas. Pero la gran mitología, el gran tótem es ése. Todo da vueltas alrededor de eso, me parece. Y en el tango se habla de eso. Del deseo, del no deseo y del desencuentro. Se está hablando siempre de eso.

— ¿Tu CD, “Arrabalera”, lo grabaste en Argentina?

— Sí, pero va a salir en Francia. Yo sé que es raro, porque todo es en Español, pero bueno, va a salir allá. Porque tengo esos caprichos de hacer espectáculos en lenguas específicas ¿si? Como le llevé a los mendocinos una obra en francés, le llevo a los franceses una en español. Sí, ya sé, ¡qué mina tan retorcida, che...! ¡Y bueno, qué hagan un esfuerzo, carajo! Le llevo a ellos un espectáculo en español que gustó mucho, los franceses se cagaban de la risa, y eso que ellos son muy sobrios, muy reservaditos.

Me gusta trabajar las antinomias, me parece que eso es rico y fuerte. Porque es ahí cuando shockeás a la gente, y la persona tiene que reaccionar. Creo que ese es el único punto en el que no chocamos con Emeterio, el hecho de no llevar a la gente por donde la gente quería. Es un juego un poquito sádico, pero se saca mucho... (risas)

— ¿A La Arrabalera lo tenías montado como un espectáculo de teatro musical?

— No. Yo lo llamo One Woman Tango Show. Me pareció gracioso poner tango ahí al medio. Estoy sola, hay muchos personajes pero siempre los hago yo, y todo se trata de tango. Allá la gente no conoce a la Tita, entonces puse la palabra tango para que la gente sepa que no es un espectáculo de teatro. Evidentemente hay escenas de sainete, un homenaje a nuestro teatro y a la loca que era esta Tita, un personaje, que se movía mucho y que le pasaban mil cosas. Entonces te va contando, de nuestro barrio, de nuestro patio y de nuestras cosas, las más pequeñitas, las más ínfimas, pero que muestran nuestra imagen. La Arrabalera habla de eso y también del bocho y los ratones que uno se hace. Para mí el tango es eso. Y después está lo que la gente saca, cuál es la conclusión personal de cada cosa, que siempre va a ser personal y única. O sea, acá nadie tiene razón en realidad; cuando el tipo dice la mina me dejó, me abandono, tiene razón, pero vos vas a ver a la mina y la mina dice es un tarado, me pegaba una piña, me arrancaba la cabeza. Y lo que me gusta es esa dicotomía del lenguaje, cada uno tiene su versión, su nivel de verdad, su pasión y su miseria. Todo eso me parece muy divertido.

— ¿Quién edita el CD?

— Trabajo con gente bien diversa. Allá va a salir en una edición de mujeres que se llama El lobo del arrabal, o sea que Arrabalera le va justo. Es una producción de mujeres, muy abierto a todo lo que es creatividad en las mujeres. Y como siempre me gusta trabajar en el filo de las cosas, me pareció bueno darle un pequeño toque lésbico. Le quise dar un golpecito así, y de golpe se me hizo otra cosa. Esta Arrabalera es, entonces, la versión de la Negra Matus sobre Tita. Es mi fantasía. Invito a la gente a que salte a la pileta. La gente salta y hay mucha agua, así que nadan todos felices.

Y el espectáculo cayó bien en Francia. Bueno, también por la puesta en escena de Emeterio, que apoyaba mucho a los personajes, y entonces los personajes quedaban muy definidos. Está la abuelita, la madre, la hermana solterona, la arrabalera, el hombre muy moral, muy seco, todos van pasando... Es bien divertido.

— ¿Alguien va a traer el disco a Argentina?

— Hoy estuve hablando con un grupo de jóvenes productores que están muy interesados en traerlo. Pero todavía eso no lo sé.

— ¿Va a haber una presentación en la Academia Nacional del Tango?

— ¡Claro! Eso es en octubre, para el aniversario de la Tita. La idea es hacerle un regalito a ella...

— ¿Qué vigencia pensás que tiene la Merello?

— Pienso que la Tita lo que tiene de lindo es que siempre es ella. Es decir que ella se puede morir o vivir o ser inmortal, se lo puede permitir si quiere, porque realmente ella ya entró en nuestra imaginación. La prueba es que yo la puedo interpretar, y otro le puede dar otra vuelta de tuerca, pero ella ya es parte de nuestras instituciones, es nuestra cultura.

— ¿Qué es lo que más te emociona de Tita Merello?

— Para mí la persona ideal es aquella que toca la perfección pero que te muestra siempre el lugar más frágil de ella. Cuando yo veo la fragilidad de una persona, aunque sea un gran personaje, me conmuevo. Y Tita tuvo esa elegancia del alma, de mostrarnos que ella era muy fuerte y muy machaza, pero al mismo tiempo mostró nos su herida.

Recuerdo una discusión que tuve con mi madre adoptiva (Mercedes Sosa), la que me fue a buscar al orfanato, cuando yo era chiquitita, allá en Mendoza. Una vez mi vieja me decía que no se podía permitir ciertas cosas. Y yo le decía que no tenía por qué ser Mercedes Sosa las veinticuatro horas del día, que se iba a volver loca. Y es que creo que resulta importante hablar de las cosas más frágiles de uno, de los miedos que uno puede tener.



Mercedes Sosa y Ada Matus

— De alguna manera eso le da más autenticidad a la persona, la hace más verosímil...

— Para mí sí. A mí también me gusta verle el lado flaco a la gente. Si yo la quiero a la Marilyn (Monroe) es porque muestra su herida. No hay duda de que tiene un culo espléndido, unas tetas fabulosas y una cara preciosa, pero cuando la mirás y se sonríe, se le ve la herida. Y eso es lo que hace que la Marilyn sea seductora, porque aparte de la belleza, le ves la herida. Entonces, claro, ahí te morís de amor. Lo contrario es distancia, y la distancia de guardar una imagen me parece algo muy estúpido.

— ¿Algo así como John Wayne?

— Sí. Ese tipo tiene que ser machazo las 24 horas del día, y entonces ¿dónde está la humanidad de la persona? A mí me gustaría conocerlo a él, verlo una vez llorar, carajo. Es en los quiebres donde uno ve a la persona.

Nos educan para ser sólidos y luchar y nos nutren de grandes mitologías como las del amor. Pero hay personajes como la Tita que nos dicen NO. O por lo menos es lo que yo escucho. Quizás porque uno también lee, como en los libros, lo que tiene ganas de leer, lo que desea que le digan.

 

3- EL OSCAR


Oscar Matus en París (década del '70)

— ¿Tenés pensados tus próximos pasos?

— Yo pienso poco, che. No soy alguien que piense mucho. Tengo algunos proyectos, digamos más bien, como deseos. Hablaría más bien de deseos.

Están las ganas de hacerle un homenaje a papá, al Oscar Matus. Y se está madurando. No quiero que sea muy formal, porque los homenajes siempre son demasiado formales, y para mí no es así.

Quiero que el Matus siga existiendo, como si hoy estuviera vivo. Me interesa mi viejo, rompiéndome las bolas, con su mal carácter y todo. No decir “Ay, qué bueno era Matus...” Porque Matus no era bueno, era malo. Y por eso lo queríamos. Y sí, era jodido pero yo lo quiero igual, porque sin ser jodido le faltaría la herida, carajo. Entonces lo acepto. El viejo tenía mal carácter, pero fue un tipo que hizo muchas cosas.

— En Mendoza Matus es casi una mitología, y vos estás planteando un Matus más carnal.

— Sí. Planteo un Matus más violento, menos respetuoso. Es como hacer el amor. Yo no sé si se puede hacer el amor con demasiado respeto, por ejemplo un tipo que para coger se la pase diciendo “...disculpe señora, por favor señora...” (risas) Eso es medio dificultoso. Y como yo creo que la creación es un acto amoroso, hay violencia. Porque no hay creación si no hay actos violentos. Entonces, hay que aceptar eso. Evidentemente yo lo voy a tirar para ese lado porque es el mío ¿no? Es mi lado desbordante, “tu lado barroco” como decía Emeterio. Al Matus quizás otra gente lo tomaría más por el lado de la militancia política, o por la música. Yo sólo quiero recrearlo. Y para ello me gustaría invitar a gente, para que cada uno traiga lo que quiera. Y confío en el público, porque contrariamente a lo que muchos artistas piensan, creo que es inteligente y que busca los encuentros fuertes. Porque es lindo vibrar.

— Y para vibrar hay que estar despierto.

— Tuve un problema con la muerte de papá, porque no creo en la muerte como un lugar de finitud. Somos un país con muchos resabios católicos que nos marcan, y entonces pensamos a la muerte como tragedia. Pero como soy budista, no creo en la tristeza de la muerte. Sólo creo que uno puede sentir la ausencia de una persona. No digo que la persona no está.

Mirá, te cuento algo fuerte. Cuando estuve grabando Arrabalera en un momento me quebré. Cantaba Desvelo yo lo vi a Emeterio, que me miraba. Y vos me dirás que estoy loca, o que hago una proyección, pero a mí no me importa lo que pienses. Te digo que lo vi, y él me miraba y no me dijo nada, ni se movió. Él estaba allí, pero también te digo que se murió hace dos años.

La muerte es algo muy difícil, y desgraciadamente en nuestra familia la gente estaba nada más que triste. Y estar nada más que triste yo lo sentía realmente como una ofensa. Porque se hubiera dicho que el Oscar Matus se había muerto todo. No puedo limitarlo a mi viejo a un cuerpo, lo mismo con Emeterio. Entiendo la tristeza, porque yo he sufrido mucho también, pero yo sufría su ausencia física. Pero hay más formas de ser. Creo que el ser humano es múltiple.

— Vos tenías 8 años cuando te fuiste de Mendoza, ¿nunca pensaste en volver a vivir en la provincia?

— He vuelto sólo como turista, con mis hijos. Mis recuerdos de mendoza son de la infancia, muy extraños realmente, un poquito dolorosos. Volví con mis hijos para cicatrizar todo eso. Era importante para mí crear otras imágenes, no quedarme con esos recuerdos tan torcidos.

El dolor es importante, pero le tengo un poquito de miedo, porque es como un abismo. A veces te asomás y te caés adentro. Y entonces, para evitar eso, esa tentación –porque te atrae también–, quise fundar otros recuerdos y tratar de ver las cosas de otra forma.

 

4- FUSIÓN ZEN


— ¿Cómo llegaste al budismo?

— Siempre estoy buscando por todos lados, escarbando. Durante mucho tiempo lo hice a través de la militancia de izquierda. Fui extremista militante. Después me fui al feminismo, y luego tuve un momento de un paro muy grande, que fue cuando empecé a ser madre, cuando tuve mi primer hijo, un varón. Por aquel entonces estaba por irme a una comunidad de mujeres y cuando me dijeron que mi hijo era un varón cambié de opinión. Era el principio de muchas cosas y había mucho odio y rencor, y yo no iba a ir con mi hijo, porque a mi hijo no me lo odia nadie. Ahí me abrí y pasé a un momento en el cual me dediqué nada más que a lo artístico, a buscarme más como artista que como mujer, como ser humano. Entonces milité nada más que en el sindicato de artistas, una cosa liviana. Después de eso, volví a las feministas, cuando justo hubo una escisión muy grande, allá en Francia. Y me quedé del lado de las más duras. Pienso que las más duras, las más definidas, son las que están en lo real; y las otras, que intentan amoldarse, no me gustan. Entonces, me quedé en lo extremo. Pero seguí indagando en lo mío. Seguí trabajando, encontrando hombres, casándome –tengo muchos esposos, tengo una verdadera colección de esposos–, y teniendo hijos también. Y fue a partir de los hijos que todo se me empezó a fusionar. Y cuando me di cuenta, estaba funcionando en un sistema budista en realidad.

— ¿Te levantaste un día y te dijiste que eras budista?

— Claro... Tuve un amante muy bueno que era budista zen –los recomiendo porque son excelentes amantes–. Y un día mientras charlábamos, me dijo: “Pero si vos sos budista, mirá lo que dijiste.” Y al otro día me trajo como veinte libros y me mostró que las cosas que yo había dicho estaban en esos libros. O sea que era budista sin darme cuenta. Y entonces ahí sí empecé a indagar el tema y agarré lo más terrestre –porque para volada ya estoy yo–, que es lo zen. El zen me ayuda y me equilibra. Va bien conmigo, y se hizo solito, sin mucho esfuerzo.

En fin... ¿Pedimos otro café?


5- ADA Y EMETERIO

Emeterio Cerro


— ¿Cómo te conociste con Emeterio Cerro?

— En mi vida tuve la loca suerte de los encuentros humanos, que muchas veces también fueron artísticos.

A Emeterio lo encontré en Buenos Aires, cuando yo hacía un montaje con Graciela Martínez, que es una coreógrafa argentina que conocí en Amsterdam y después en Londres.

Estaba en un momento de mucha tensión –a veces cuando estás creando pasás momentos de tensión muy grandes–, y estaba harta: o Graciela me acogotaba o yo la apuñalaba. Estábamos muy metidas en la obra y al mismo tiempo estábamos trabadas y no lográbamos avanzar. Es difícil la creación de a dos. Entonces, una noche le dije “Mirá, como yo prefiero no apuñalarte, vamos a parar ya el ensayo y cada una por su lado. ¿OK? Mañana veremos si tenemos ganas de vernos o no.” Me fui y encontré a un amigo, que es actor, y le dije “Che, estoy podrida de la Graciela Martínez... ¿Qué hago? Estoy harta de trabajar. Es la primera vez que vengo a Argentina a trabajar con argentinos...” En realidad era un sueño loco que tenía, y estaba viendo que ese sueño se iba a deshacer y me enojaba conmigo. Y entonces mi amigo me dice “Negra, por qué no salís un poco”. “¿Qué voy a hacer? –le digo–. ¿Voy a ir a bailar? ¿A mi edad?” “No boluda –me dice–. Vamos a ver algún espectáculo”. Entonces me dice “Mirá, hay un autor de teatro nuevo y un actor extraordinario, todo nuevo. Están en un lugar pequeño, totalmente underground.” Me gustó la idea y fuimos. Había rock duro y mucho cuero, y arriba hacían teatro. Me gustó el ambiente, todo muy heavy... Subimos a una salita chiquitita, muy decorada, y empezó un unipersonal con un actor extraordinario, Roberto López. Y me quedé enamorada de él, de la obra y de la puesta en escena. Estaba muy enchufada.

Volví varias veces, y en un momento le dije al Roberto “Mirá Roberto, no te ofendas ni lo tomés a mal pero te invito a cenar. Quiero ser tu amiga y yo te invito.” Me contó que la obra era de Emeterio Cerro y le dije “Tengo que encontrar a ese hombre. Ese hombre es mío.” Roberto me dijo que no iba a poder ser, porque Emeterio vivía en París, y además era un hombre muy hermético, que no le gustaba encontrar a nadie, y que por lo tanto no me podía dar la dirección. Le dije que yo también vivía en París pero no hubo caso. Igual nos hicimos amigos con el actor, y luego empecé a rastrear a Emeterio en París. Al final encontré a un amigo bailarín que lo conocía, con el que hacíamos Tango Show y andábamos de gira por todos lados, y le dije que me lo presentara. Seis meses después, el Negro (mi amigo bailarín) me dice: “El no quiere conocerte. Le hablé y no tiene ganas. No quiere conocer a nadie. Él está en su casa, escribiendo y chau.” Sin darme por vencida le mandé decir que si necesitaba un favor, lo que fuera, aunque sea un vaso de agua, que me llame por teléfono y que yo iba. A la semana siguiente el Negro me llama y me dice: “Mirá, Cerro te quiere conocer, parece que funcionó eso del vaso de agua, y tiene un favor para pedirte...” Así fue como lo conocí. Vi a un hombre antipatiquísimo, insoportable. Él me vió a mí y me odió, una cosa de asco total. Entonces le dije “Bueno, cuál es el favor que te tengo que hacer y me voy –yo ya estaba podrida de estar con él, cinco minutos y ya me quería ir–.” Y entonces me dijo que quería que le llevara un paquete a la Argentina. Eran libros de él editados en España. “Bueno, le digo, yo te hago el favor, pero como te había prometido un favor acá, no en Argentina, entonces vos me vas a tener que ver otra vez más, pero en tu casa, no en un boliche ¿Sí?” Y se quedó duro. Así es como empezamos. Empezamos mal, de rebote y de prepo. Y en realidad nos quisimos mucho, después hicimos pareja y hasta tuvimos una hija. Fue una lucha y hubo trabajo de por medio, hubieron seis obras trabajadas juntos. Y bueno, ahora tengo la responsabilidad de cuidar toda la obra de él, lo que ha quedado, y editarla.

Fue muy groso el encuentro con él. Era un hombre muy complejo. Era un hombre muy fuerte, muy macho argentino. Siempre que me enojaba con él le decía “Ay, callate, macho argentino.” Y él me respondía con un “Feminista de mierda”. Era bien duro el asunto. Y tenía razón, porque yo también tenía mis vicios. Yo había militado en grupos feministas y tenía cosas grosas de mina rompe guindas. Y de siempre cuidar que el otro no ocupe mis espacios. Y a veces ni siquiera era eso, sino que tenía miedo.


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Videos de Ada Matus:

La Barrosa

El Viento Duende




SOBRE EMETERIO CERRO


Para quienes no conozcan la figura de Emeterio Cerro, les dejo unos links:

- Click AQUÍ para su biografía en Wikipedia.

- Click AQUÍ para ver una lectura de sus poemas en Youtube.


SOBRE OSCAR MATUS

Para quienes no conozcan la figura de Oscar Matus, les dejo unos links:

- Click AQUÍ para su biografía en Wikipedia.

- Click AQUÍ para ver cantar a Oscar y Ada en Youtube.

- Click AQUÍ para escuchar el disco "L'ame D'un Peuple Qui Chante" (1976).

- Click AQUÍ para escuchar el disco "Poemas y canciones" junto al poeta Marcos Anna.



NOTA:

Soy un maldito antipático y tengo bloqueados los comentarios y los contactos. No soporto los feedback. Si quieres comentar algo acerca de los contenidos del presente blog, busca una amistad cercana y hazlo.

Con todo respeto.

Y eso que ponía más arriba de que "pueden insultarme al final de la nota", pues era un chiste. ¿Te lo creíste?

A.C.